martes 15 de diciembre de 2009

Hierofanía




Observo un objeto cualquiera, una silla, por ejemplo. Sé que se hizo en una fábrica, sé que es una obra humana, artificial, que no existe supuestamente nada de misterioso en ella. Sin embargo, el sólo hecho de su presencia, la sola posibilidad de que algo “sea”, independientemente de su origen, de su forma y de su condición, me llena de asombro. La silla es asombrosa, es misteriosa, ininteligible, profunda, la silla es insondable. Existe una presencia infinita que la penetra y trasciende. Puedo sentir como la infinitud de posibilidades y potencialidades del universo refulge en la silla, puedo sentir como en la silla se condensa todo.

Por Sofía Tudela Gastañeta.

viernes 11 de diciembre de 2009

¿Por qué ya no soy seguidora de la Coalición?



Es verdad que esta maneja una serie de ideas interesantes, acertadas y virtuosas que concuerdan con las mías. Sin embargo, así como promulga lo que es genuinamente valioso, por lo cual me uní en algún momento al grupo, promueve otras ideas que son realmente nefastas, por lo cual me retiré de él. Estas son mis razones:

1 - La Coalición no toma en cuenta la dignidad de los animales y demás criaturas vivientes: parece dar por sentado que estos son maquinas y que los fenómenos de la naturaleza deben ser interpretados de manera mecanicista. Dos de sus miembros organizadores, quienes defendían la tauromaquia, se expresaban del toro, criatura nacida del Espíritu, como si fuese una cosa, un objeto, una mera herramienta cuya finalidad residía en servir a sus aspiraciones, actitud que me pareció en extremo utilitarista y egoísta. Uno de ellos, inclusive, afirmó que el altísimo valor universal de la compasión era irracional y que no tenía principio de aplicación. San Francisco de Asís nunca hubiese permitido algo así. Tampoco San Basilio.

2 - La Coalición es Fujimorista y está en contra de la Comisión de la Verdad. Lo cual significa, respecto a lo primero, que avala y defiende a un tramposo, a un corrupto, a un criminal, sin mencionar que además se trata de un capitalista, así como liberal en la vertiente económica por otorgar libertades al mercado, promotor de la tecnificación de la vida y amante de las empresas extranjeras y del lucro. Respecto a lo segundo, es preciso mencionar que yo estoy a favor de la Comisión de la Verdad, porque pienso que los abusos jamás deben permanecer impunes y que, por el contrario, deben salir a la luz. Sé que quienes organizan ese proyecto son en su mayoría liberales de izquierda que poseen una ideología que yo de ningún modo comparto. Sin embargo, eso no significa que no pueda considerar que el trabajo que están realizando en un aspecto específico de la realidad nacional sea loable y noble, así como necesario. Estoy segura de que Sócrates, quien no temió denunciar las injusticias de los gobiernos, aun cuando aquello significó perder su propia vida, y Platón, amante de la verdad y la honradez, me hubiesen apoyado. Todo esto sin tener en cuenta, además, que el Fujimorismo no tiene ni medio pelo de aristocrático y sí mucho de burgués.

3 - La Coalición combate el amor idílico, romántico y erótico entre semejantes -personas del mismo género-, cualquiera que fuese su modalidad, especie y naturaleza, así se trate del amor entre Safo de Lesbos y Athis o entre Patroclo y Aquiles. “El Banquete” y “Fedro” de Platón, así como “Cantinelas” de Safo y “Romances filosóficos y amorosos” de Sor Juana Inés de la Cruz, entre otros, no tienen cabida en el interior de ese grupo. Parece desentenderse de la filosofía platónica del amor. ¡Cuánto ama la diversidad de la que se jacta…!

4 - La Coalición no es sincera, porque se sirve de ideologías nefastas en las que ni siquiera cree, como el relativismo y el historicismo, entre otras, para defender sus postulados. Se sirve de filosofías liberales para justificar ideas anti-liberales: relativismo cultural para defender la tradición de la tauromaquia y la aplicación de la pena de muerte, o historicismo para anular los principios liberales atribuyéndoselos a procesos históricos sin mayor relevancia, por citar dos ejemplos. Yo me opongo a las tendencias liberales de las que se nutre, no comparto sus principios. La postmodernidad, que la Coalición ha tomado por slogan suyo, es precisamente contra la cual mi espíritu se rebela. Sus miembros afirman ser críticos de la modernidad, pues yo afirmo ser crítica de la postmodernidad, la cual las personas no se atreven a criticar precisamente porque viven en ella y prefieren dormirse bajo sus parámetros. Gianni Vattimo me parece atroz, una mente con un enfoque materialista, trivial y estrecho de la realidad, que no alcanza su fondo, y sin la menor noción de los principios metafísicos y del plano espiritual de la realidad. Asimismo, el pensamiento débil manifiesta un matiz nihilista -roza con el nihilismo-, lo cual es precisamente lo que me precio de combatir: ¡yo opto por el pensamiento fuerte, vivan los principios universales, absolutos y eternos, vivan los grandes sistemas filosóficos, las formidables estructuras, vivan la metafísica y el romanticismo! El dogma de la tolerancia irrestricta al que aplauden no me sienta bien y menos aun si se utiliza para justificar impunidades y posturas que son viciosas: la pena de muerte a los homosexuales, la esclavitud, la práctica de la lapidación y el exterminio por parte del Estado de personas cuya culpabilidad no ha sido probada, meramente porque se sospecha de ellas -todo eso es opuesto a los altísimos principios y valores universales de carácter humano y espiritual: caridad, compasión, altruismo-. Tampoco creo en la ideología de corte marxista -el marxismo se fundamenta en el materialismo dialéctico y en el historicismo- que promulga un supuesto anti-imperialismo que la Coalición postula con la finalidad de defenderse del imperialismo liberal antidictatorial y así poder respaldar una dictadura -lo cual resulta paradójico y contradictorio, cosa que no sienta nada bien a mi espíritu amante de la jerarquía y el orden, de la coherencia y la simetría-. Al estar en contra de la democracia considero que no puedo darme el vano lujo de promover ideas de carácter democrático como el respeto incondicional y la tolerancia ciega con el objetivo de defender mi punto de vista, que es opuesto a estos principios: porque yo no tolero lo que no merece ser tolerado, no respeto costumbres y practicas inmorales, no avalo la tauromaquia, ni el aborto, ni el gobierno fujimorista, y planteo que estos deben ser prohibidos por la fuerza, en nombre del Reinado de la Justicia Universal. ¿Imposición? ¿Derecho a la diversidad? No me interesa nada de eso. El Bien se encuentra por encima de cualquier derecho de cualquier índole, por lo cual debe imponerse a como de lugar -pero sin caer en injusticias y en corrupción, pues de lo contrario no se estaría imponiendo el Bien, sino otra cosa-. Todo derecho a la diversidad y de cualquier otra índole, asimismo, de acuerdo con el sistema jerárquico de realidad, debe su ser al Bien, principio supremo, porque es en este donde todos los demás valores cobran su sentido y se validan, y gracias al cual todos los demás valores son. Es lo inferior lo que debe someterse a lo superior y no lo superior a lo inferior.

5 - La Coalición no parece preocuparse por los abusos que se cometen en otras culturas y naciones, como por ejemplo en Arabia Saudita y en Irán; ni por los que se han cometido y comenten en la propia, como por ejemplo las matanzas de personas inocentes y la corrupción en el poder judicial durante el gobierno de Fujimori. Sin embargo, lo cual también me resulta paradójico, sí se inquieta por las iniquidades de carácter norteamericano y europeo. El lema de moda actualmente aceptado de manera pasiva y sin objeciones: “Occidente es malo y Oriente bueno” no va conmigo, que amo a Europa -todos acá somos sus deudores- y a la cultura anglosajona, la antigua y genuina cultura de esas tierras -aunque también la oriental me gusta mucho, especialmente el Imperio Chino y el Japón dinástico-. Todo lo anterior denota que en realidad los abusos, atropellos e injusticias no le interesan en lo más mínimo, que lo que realmente le interesa es anular los principios liberales norteamericanos y europeos, por lo cual se sirve con astucia de una eticidad que en realidad no profesa, denunciando meramente las injusticias provenientes de sus opositores, con el objeto de dejarlos mal situados, y no las que se dan en el resto del mundo y en el interior de la nación, y que son, además, de crasa gravedad. Se critica, por citar un ejemplo, la matanza de los selváticos atribuyéndole toda la responsabilidad a los liberales -sin siquiera tener en cuenta que entre estos existen grupos diversos y hasta opuestos entre sí, como los liberales promotores del capitalismo laissez faire y los liberales marxistas, por ejemplo- y aprovechando, así, la oportunidad para rebatir sus principios filosóficos -curioso es percatarse de que la mayor porción de los que asistieron a las manifestaciones contra la matanza de selváticos eran liberales de izquierda y anarquistas, en tanto los fujimoristas se rascaban la panza, no queriendo arriesgarse a que les cayesen bombas lacrimógenas, además de que en realidad no les interesaba el tema-. Critican la matanza de selváticos, empero, no todas las que realizó Fujimori, que fueron muchísimas más. No es necesario ser liberal para percatarse de todo esto -cuando afirmo que no soy liberal me refiero a que no concuerdo con los valores de la libertad irrestricta y del individualismo, sino que, por el contrario, sigo el modelo platónico de realidad-.

Yo sigo el modelo platónico de realidad, así como el modelo político platónico -este último con ciertas variaciones: omisiones, correcciones y agregados-. Platón se oponía a la democracia. El sistema político por el que optaba era ordenado, de carácter elitista y jerárquico, cimentado en los principios espirituales universales. Los virtuosos -designados por el Bien sumo- eran quienes gobernaban y no cualquier demagogo populachero que gozara del asentimiento publico por causa de sus mentiras y su elocuencia -los sofistas: ellos en su mayoría patrocinaban el sistema democrático porque les convenía a sus intereses; no tomaban en cuenta las leyes universales ni el nivel espiritual de la realidad de acuerdo con cuyos principios debe estructurarse toda sociedad digna-. Platón se oponía al relativismo de los sofistas, quienes se servían de esa filosofía con la finalidad de justificar toda clase de impunidades y de legitimar un estilo de vida completamente amoral, a la par que promovían la tolerancia y la diversidad. Pero todo eso generó la desestructuración de Grecia, fue su ruina. La preocupación platónica por la Verdad, por la honestidad, por la rectitud, por la moralidad y por la eliminación de las injusticias, por la humanidad y por el Espíritu -¡por el Bien!-, era evidente. “Apología de Sócrates” es un libro magnifico que nos habla de heroísmo y de entrega por los propios valores e ideales, y que en nada se parece al mensaje de la Coalición.

Yo no pretendo establecer una dictadura plagada de matanzas y de corrupción. Yo anhelo y creo posible una aristocracia rural, cuyo modelo se corresponda con los principios que rigen el orden espiritual; donde se lleve un estilo de vida sacro y ceremonial; donde se cultiven las virtudes y aspiraciones místicas de sus miembros; donde se dé una existencia según tradiciones sanas y correctas, rindiendo culto a los antepasados; donde se respete a la naturaleza y se reconozca su condición divina; donde se viva en simplicidad y se proteja a los habitantes más débiles y desamparados; donde la cumbre de la jerarquía piramidal, los gobernantes, se caractericen por su virtud intelectual, moral y espiritual, así como por su austeridad y entrega; donde el Estado se encargue de hacer trabajar adecuadamente y cooperar entre sí a sus miembros, como también de brindarles protección a todos y cada uno de ellos, sin desentenderse de sus necesidades; donde se cultiven las artes en todas sus ramas; donde se permita el amor idílico y erótico entre semejantes -personas del mismo género- y se consagre su unión permanente mediante un ritual con juramento de fidelidad eterna y con un trasfondo simbólico de significación platónica; donde los grupos humanos estén dispuestos en territorios pequeños en los cuales sea posible el transporte en bicicletas, caballos, burros, asnos, etc., -con multa severa a aquellos que no cuiden adecuadamente a sus animales-, y para cruzar de un territorio extenso a otro exista un numero reducido de ferrocarriles estratégicamente dispuestos; donde se censuren los automóviles bajo circunstancias normales; donde tener relaciones sexuales no sea una obligación -no este mal visto no tenerlas-, y que, al mismo tiempo, se respete la creatividad, el ingenio y la imaginación en el interior del sexo; donde hombres y mujeres reciban educación por igual; donde la publicidad no contamine el paisaje ni la vida tranquila de sus pobladores; donde se proteja la integridad de la institución de la familia y la indisolubilidad del matrimonio sin pretender que los maltratos deban ser soportados; donde los esposos que maltratan a sus damas sean encarcelados y obligados a trabajar desde el interior de la cárcel para mantenerlas; donde se respete el derecho de las mujeres a no trabajar, a ser protegidas y mantenidas por sus esposos, a ser amas de casa y a dedicarse a la crianza de sus hijos, y que se respete, al mismo tiempo, el derecho de dedicarse a estudiar, trabajar y destacar en maravillosas obras del genio y la actividad a aquellas excepciones femeninas de aspiraciones distintas a las habituales en su género -como la magnifica Juana de Arco o la esplendida Hildegarda von Bingen-, tomando su vocación diferente como algo digno y loable, y otorgándoseles todas las facilidades del caso; donde el aborto y el libertinaje estén penados; donde el adulterio -de hombres y mujeres por igual- sea castigado, bajo circunstancias normales, con tres años de prisión y con el vilipendio público; donde romper una promesa y quebrantar un juramento sean delitos y motivos de infamia; donde se prohíba la crianza de los niños por parte de niñeras contratadas, pues dejar a los hijos en manos de personas extrañas puede ser peligrosísimo, no sabiendo uno si aquellas son confiables, sensibles y morales o son precisamente todo lo opuesto; donde las mujeres que libremente deciden tener hijos estén comprometidas a criarlos ellas mismas y los hombres que libremente deciden tenerlos estén obligados a mantener a su esposa e hijos, así como a instruir a estos últimos; donde el Estado se encargue de esterilizar a hombres y mujeres que han tenido un tercer hijo, para que así no tengan más y no contribuyan a la sobrepoblación, y para que tampoco se recurra al aborto como en China, lo cual es terrible; donde los hermanos vivan en la misma casa con sus padres y con sus hijos, que son primos entre sí, para que de tal modo se dé una mayor cohesión y la familia se reafirme; donde los que no desean casarse y desean, más bien, unirse sacralmente según el rito platónico a un semejante -persona del mismo género- y los que no desean lo primero ni lo segundo, sino permanecer en soledad, sean igual de bienvenidos que los primeros; donde los violadores, los que abandonan y no reconocen a sus hijos, los jueces corruptos y aquellos que coimean a los jueces, sean condenados a cadena perpetua; donde estén proscritos el circo con animales, la tauromaquia y cualquier forma de maltrato animal, sea colectivo o individual, sea ritual o no ritual, sea tradicional o no tradicional; donde el Estado no tolere y castigue en sus miembros las faltas morales que perjudican a terceros, y sí tolere pero no acepte ni promocione ni involucre en la estructura de su sistema las que perjudican sólo a los propios individuos que las ejercen; donde las cárceles sean limpias, ordenadas y aceptables para vivir, y se censuren en ellas los pleitos y laberintos, y desde su interior se les inculque a los reclusos la virtud, se les haga realizar practicas espirituales y se les obligue a trabajar y a producir para la sociedad de modo que no se tornen en zánganos que requieran ser mantenidos; donde la venta de cigarro, que contamina el cuerpo y espíritu de sus pobladores, se proscriba; donde la pornografía se censure por ser obscena y, al mismo tiempo, se permita el erotismo y la sexualidad en las diversas formas de arte por ser tal algo bello; donde la prostitución este prohibida; donde la promoción del reggaetón y de otras formas de música perniciosa para la integridad y salud espiritual y psicológica de sus habitantes sea prohibida; donde las discotecas sean censuradas y en su lugar se coloquen salas de baile sanas y hermosas, así como festejos con danzas folclóricas al aire libre; donde los bares sólo abran los fines de semana; donde se eduque a los pobladores para ser héroes; donde se reconozca por antepasado primigenio de los moradores y por fundador del Imperio a un ser legendario y divino; donde la jerarquía social se dé en función de la disposición espiritual de las personas y no del dinero; donde a los que tienen cuantioso capital y no lo comparten con los que necesitan se les confisquen todos sus bienes; donde las instituciones y la sociedad entera sigan un modelo de espiritualidad platónica, y los colegios y universidades enseñen las diversas materias desde el platonismo, respetando a las personas que no concuerdan con la filosofía platónica y tolerando sus criticas sin por eso modificar las estructuras de sus instituciones; donde puedan convivir budistas, taoístas, cristianos, islámicos y hasta ateos bajo el amparo platónico siempre y cuando no transgredan las leyes de la sociedad; donde se permita la libertad de expresión e incluso la publicación de textos indebidos, pero no su difusión ni su inclusión en los currículos académicos -que aquellos textos aprueben leerse bajo un permiso especial-; donde la cúspide de la jerarquía, los gobernantes, estén dispuestos en igual cantidad de hombres que de mujeres, para que la sensibilidad femenina y maternal pueda guiar noble y adecuadamente a la racionalidad y practicidad masculina, que sin aquella no es nada; donde comer carne -excepto que se trate de animales que murieron de forma natural o que fueron matados porque la verdadera necesidad lo requiera, como durante las épocas de escasez en las que los campos no producen- signifique pagar una multa y donde todos sean vegetarianos como los hare krishnas, que tienen hijos, crecen y se casan, y todo siendo vegetarianos desde que están en el estomago de sus madres; donde la justicia no se llame despectivamente con el nombre de imposición y no se exija tolerancia en nombre de las impunidades; donde se propicie una concepción animista de las cosas y mítica del cosmos, que retorne al mundo la magia que le fue sustraída, y se favorezca la prevalencia de rituales asociados, siempre y cuando todo esto calce o, por lo menos, no contradiga el mensaje platónico; donde la luz eléctrica este penada bajo circunstancias normales por contribuir al desorden de los horarios naturales en el ser humano y por desencantar la noche, arruinando su belleza y misterio; donde las grandes industrias contaminantes del medio ambiente sean censuradas; donde la ropa y otros productos que se realizan de modo artificial y masivo actualmente, sean hechos, por el contrario, artesanalmente; donde los miembros de cada rango luzcan vestimentas, atavíos e insignias diferentes en las que se reconozca su condición y el lugar que ocupan en la jerarquía, y hagan uso de modales y gestos rituales particulares en los que también se reconozca tal; donde la pobreza material moderada no sea vista como algo terrible y sí la miseria espiritual; donde los que se encuentran más alto en la jerarquía piramidal eduquen a los se hallan un nivel más abajo y estos a los que se encuentran uno más abajo y así sucesivamente hasta llegar a los estratos inferiores; donde los que se encuentran en el nivel más bajo sean educados mediante cuentos de hadas infantiles y mediante Disney; donde de entre la muchedumbre aquellos pocos que ocupando el estrato inferior logren adquirir un suficiente nivel de virtud gracias a la enseñanza otorgada por sus superiores, asciendan de nivel progresivamente hasta que, alcanzado por un grupo mínimo el ultimo grado de virtud, puedan llegar a la cúspide y enseñar a los de abajo, y que los que nacen de padres que ocupan lugares altos en la jerarquía y no cumplan con el suficiente grado de virtud, al igual que aquellos que habiendo ascendido se corrompan, sean relegados a estratos inferiores, es decir, que el sistema jerárquico sea móvil y dinámico, no de castas estáticas; donde los de arriba no se beneficien a costa de los subordinados, sino que, siguiendo el modelo del sumo Bien, otorguen ser a los súbditos, luz, es decir, los beneficien, que los de encima sirvan a los de abajo como el sol riega vida a todo lo que está por debajo de él y como el sumo Bien otorga ser y prosperidad a todo lo inferior que con su resplandor toca; que el sistema entero cuente con una vértebra mística alrededor de la cual se reordenen todos sus elementos, pues este es un requisito necesario de todo sistema digno, bien situado y estable; etc.

La sociedad postmoderna padece dos males gravísimos: el desencanto y el pesimismo, que en sus grados extremos conducen al nihilismo. Por ese motivo, en esta época, con toda la carga negativa que acarrea desde las Guerras Mundiales, mis palabras serán tomadas por muchos por utópicas e irrealizables, cuando en realidad no es así. Una mente sana que aun conserva sus sueños y sus esperanzas, y que confía en la inteligencia humana y en sus capacidades y facultades -las cuales han trascendido limites inauditos, han logrado lo inimaginable, lo que se creía imposible- aceptará la posibilidad de mis palabras. ¿Hemos podido llegar a la luna y no podemos forjar una sociedad ordenada y bien dispuesta? Todo consiste en utilizar el ingenio. Yo sólo he esbozado grosso modo una idea general: se trata de un bosquejo. Llegará, sin embargo, quien -¿quién sabe si yo?- forje una teoría casi perfecta -casi porque la perfección es inalcanzable- sobre la sociedad que planteo y logre, mediante el ingenio, resolver las dificultades que presente postulando formas de realizar aquello que parece ser irrealizable. Nadie imaginaria una bicicleta que fuese capaz de avanzar sin ruedas, pero el ingenio humano ha sido capaz de construir una. La inteligencia reacomodará, como siempre lo ha hecho, los elementos de la realidad, de tal manera que extraiga de donde parece no haberlas grandes soluciones. Alguna vez existieron reinos justos y hermosos, pero los hemos olvidado en medio de un “realismo” pesimista, aburrido y amargado que engendra cada día un mayor número de personas que sufren el mal de la depresión y de otros severos trastornos psicológicos. El sistema feudal medieval, aunque tenía errores y no cumplía con todos mis puntos, estuvo próximo a mi ideal. La edad media fue una era luminosa y optimista. La Inquisición se instauró a fines del medioevo y sus grandes matanzas se dieron en la modernidad. Eso, sin embargo, no significa que esta no cuente con aspectos positivos: los románticos son lo máximo -basta escuchar la pieza musical del video que coloque arriba para percatarse de tal-. La postmodernidad, en cambio, según mi parecer, no tiene nada que sea realmente valioso -salvo casos aislados, pero no como realidad en conjunto-.

No soy una conservadora, como erróneamente piensan muchos. No lo soy porque no deseo conservar el sistema vigente, que es la democracia secular. Tampoco doy cabida a las filosofías que actualmente se encuentran vigentes: relativismo e historicismo, entre otras. Deseo abolir el sistema político y la forma de vida actuales e instaurar en su lugar el Imperio del Espíritu. De ahí que me considere una revolucionaria y, al inspirarme en el pasado -sólo en lo bueno de este, no en lo malo-, una renacentista.

PD: He colocado nuevas imágenes de autores y sus respectivas descripciones en la columna lateral.

Por Sofía Tudela Gastañeta.

viernes 4 de diciembre de 2009

Mi Espíritu se Rebela contra la Postmodernidad


No me agrada la ropa que se encuentra de moda y que además es nueva. Me place vestir con un estilo anticuado, anacrónico, con prendas que asimismo sean viejas o se encuentren algo gastadas por el uso. Me enorgullezco de ostentar prácticamente el mismo vestuario todos los días, limitándome meramente a dos conjuntos diferentes. El atuendo es un tema interesante, que en raras ocasiones se trata debidamente, es decir, con cierto grado de inteligencia. Soy de quienes se niegan a caminar por la acera con un pantalón. Únicamente luzco faldas. Si son de varios pliegues o tienen bobos, mayor es mi satisfacción. Ansío peinar mis largos cabellos castaños mientras me contemplo en un espejo de mano con puño y marcos de plata bruñida, en cuyos bordes se encuentren complicados grabados del siglo XIV con incrustaciones de marfil en ellos. El cabello corto jamás lo consideraré en una mujer como una señal de dignidad que enaltezca su feminidad. Antes bien, lo tomaré por un signo de degradación. Soy aficionada a los soldaditos de plomo y a los juegos de estrategia. Especialmente a los que representan batallas con caballeros medievales de juguete incrustados en el centro, galopando en vigorosos corceles y sosteniendo en lo alto escudos con dragones y joyosas espadas que cambian de color treinta veces al día; mosqueteros de altas botas y sombreros de fieltro negro con formidables péndolas rojas, blandiendo filudos espadines en mano y portando mosquetes atados a sus correas; una tropa de prusianos del siglo XVIII golpeando con sus baquetas sobre los bombos, con las cabezas cubiertas por estirados gorros en forma oval y los troncos sujetos por dos anchas correas blancas cruzándose sobre un cinturón del mismo color; la infantería inglesa con hombres de casaca roja, chaquetilla de plaño y tricornio negro, armados con mosquete y bayoneta; los franceses con trajes azules y pickelhaubs ajustados sobre sus cráneos, turbulentos, liderados por Napoleón, transportando gordos y relucientes cañones llenos de proyectiles que estallan en el cielo. Me entretengo ordenándolos en extensas y rígidas jerarquías, cuyos únicos asensos posibles se dan en función del heroísmo, el sacrificio, el altruismo y la entrega prodigados a lo largo de la ficticia batalla. Siempre amé las jerarquías. Me permiten poner en práctica la capacidad ordenadora de mi inteligencia, forjar una compleja estructura de carácter racional, con valoraciones subjetivas y universales implícitas en ella. Soy aficionada, también, a los trenes de juguete, al punto de ser capaz de llenar mi casa con carriles de riel tamaño miniatura. Fuera de mis aficiones se encuentra el dinero. Los bienes en estado líquido me parecen poco estéticos y los dólares siempre me han repugnado. Desprecio los valores burgueses de la vida. Tengo en más alta estima a la nobleza hindú, a los Brahmanes, cuyo titulo les vale vivir en la pobreza material, que a los acaudalados de sangre plebeya. La caridad, la generosidad y el desprendimiento son valores aristocráticos que no encontramos en el burgués, en el millonario, el cual lo es precisamente por acumular grandes sumas de dinero sobre su propia persona cuando hay quienes mueren de hambre, es decir, por su aprehensión y egoísmo. Noble es regalar. De prócer estirpe espiritual es Bienvenido Myriel, el obispo de la novela Los Miserables escrita por Víctor Hugo. ¡Yo digo que ser millonario es participar de una gringada liberal o continuar recorriendo los senderos de una ancestral rebelión popular en Europa contra el sistema aristócrata medieval y contra el Espíritu! Esto, por supuesto, no significa, como podrían suponer diversas personas congestionadas con los prejuicios del proletariado y la burocracia, que no ame a los campesinos. Me encantan como la leche recién ordeñada, los huertos de fresas, los viñedos y los bosques. Sus ingenuas miradas llenas de beatitud entonan en mi interior como canoros silbidos de tórtola. Traspasan los abedules con sus limpias presencias de avena silvestre. Son como el río que fluye. Guardan silencio. Los abrazaría y guardaría silencio con ellos, entre los cañaverales y el viento. De niña soñaba con ser campesina y arar mañanas y tardes hermosas tierras en las que se ponía el sol, rodeada por la flora y la fauna salvaje más allá de las lindes de mi chacra. Sí. Pienso que el genuino hidalgo es de espíritu rural, no urbano, y que sintoniza con los monteses y los aldeanos mejor de lo que puede hacerlo con los caprichosos banqueros y empresarios de gestos afectados. No deseo, tampoco, estudiar una carrera que me garantice seguridad económica. Mis ambiciones se dirigen por rumbos diferentes, de techos más encumbrados; vuelan por el poniente, entre los arreboles de un cielo infinito y sin límites. Quizás los libros sean mi mayor fetiche entre los objetos “físicos”, especialmente los de tapa dura. Amo manosearlos una y otra vez, abrir sus páginas, cerrarlos y volver a abrirlos, aspirar el polvo dentro de ellos, o sus magníficos perfumes. Parece emanar de sus hojas un gran vapor que me envuelve y estremece, cautivando mis sentidos y haciéndome perder la noción del tiempo. Todo gira a mí alrededor y se desvanece. Y respiro por un instante el aire de un mundo remoto y fantástico, pero tan real como los huesos de mi consciencia. Me encuentro con Alicia en el País de las Maravillas y me percato de que todo lo que ahí hallo acaece en un plano paralelo y en un nivel más profundo. Transcurro horas y horas encerrada en la biblioteca o en la salita de estar en la casa de mi abuela, horas y horas aislada del género humano. Reparo nuevamente en mi atuendo. Me gusta cubrirme con un pañuelo de seda morada la garganta, pues considero que eso revela mi fragilidad. Me deleito observando como las pelusas circundantes y los pelos de mis gatos se adhieren a mis chompas. Pienso que les otorgan un aire de excentricidad e intelectualidad indefinible, un halo de reaccionarismo revolucionario. Sólo cuento con un par de botas de gamuza marrón heredadas de mi madre. Me quedan grandes, de modo que puedo sentir, al caminar, como mis pequeños pies se columpian dentro del calzado talla treinta y siete. Considero que gastar de más en ropa, sin que exista real necesidad de ella, es un signo de mal gusto y huachafería, inadmisible en un espíritu aristocrático que se ufane de contar con la virtud de la sobriedad. Observo que muchos humanos poseen tres pares de zapatos o más, cuando dos son de sobra suficientes para no verse forzados a andar, como millares de niños que pululan sin rumbo fijo por las calles, descalzos. De mayor sensatez me parece regalarlos a los de verdad necesitados. Me resulta sumamente curioso que las personas que me rodean requieran comprar nueva ropa cada año. ¿Con tal rapidez hacen andrajos y jirones lo que usan? Lo dudo. Las prendas de buena calidad, si se las cuida, son capaces de durar de por vida, y las de mala pueden durar varios años. Me percato de que el consumismo modifica las vidas de sus afiliados, les implanta nuevas necesidades, de carácter artificial, tornándolos frívolos y codiciosos, trasformándolos en muñecos de goma, en maniquíes centrados en lo accesorio. Más ameno que trabajar por la obtención de objetos inútiles, es ampliar los periodos de ocio y diversión trabajando exclusivamente por aquello que es necesario. En otras palabras, es preciso remplazar las colecciones de cachivaches por más vacaciones. La vida debería ser holgada, lenta y paciente. Debería haber más tiempo libre. ¿Por qué tantos deberes, tanta velocidad, ajetreo y estrés en el mundo postmoderno con el mero objeto de obtener trastos? Considero que el consumismo es la primera señal de esclavitud. No comprendo, tampoco, el motivo que incentiva a muchos individuos a emplear el término “anticuado” de modo despectivo e, incluso, como un insulto. Aun no logro determinar cual es la relación lógica entre la época o fecha de un objeto, concepto, actitud, etc., y su condición estimable o despreciable, digna o indigna, loable o risible. ¿Y por qué esa fobia inaudita hacia las abuelas y abuelos? Lo único que parece denotar es el pánico de la sociedad actual frente a la muerte. Tampoco veo porque la edad tendría que ser un factor determinante de la amplitud de criterio en una persona, o porque un joven debe ser más abierto que un anciano. Conozco a tantos jóvenes obcecados, como a ancianos de igual sajadura. Lo único que varía es el contenido al cual se aferran con testarudez: cada uno a lo que su generación promueve. La persona inteligente, sin embargo, se encuentra libre de ello, lo cual no lo debe a su edad. ¿Por qué, además, el manifestarse en contra del divorcio debería considerarse un signo de estrechez pero el hacerlo a favor una señal de apertura? Declaro ahora mismo mi negativa a aceptar los prejuicios contemporáneos. ¡Me rebelo contra la post-modernidad…! Aun sueño con caminar luengas calles cargando un largo pan baguette en uno de mis brazos. Aun fantaseo con pasear por una villa, por un poblado rustico, oculto, escondido del progreso, lleno de ese aire atemporal de siempre, entre altos y gruesos robles de longevos años, entre secoyas milenarias. Aun alucino con sentarme a almorzar a una mesa de verdad, y con tomar sopa en un plato de verdad. Aun me imagino sentada junto a la chimenea de un hogar de carne y hueso, que pueda palpar con cada mano mía, y observando la danza de las llamas sobre los tizones chispeando al rojo vivo y consumiéndose lentamente, mientras advierto figuras extrañas que se deshacen y confunden entre los reflejos del fuego, secretos augurios. Aun pienso que es posible escuchar el silencio… y llenarse con él. Sí. Parece no haber tiempo, hoy en día, para echarse en el pasto a contemplar las estrellas. ¿Quién gozará al oler el secreto interior de una amapola? Yo reconozco la condición sacrosanta del amor. Señalarás el fondo etéreo y brillante del Mundo.

Por Sofía Tudela Gastañeta.